Diez consejos para educar a tu perro

Logrará que su mascota siga y cumpla sus órdenes y tenga un mejor comportamiento. Los caninos siempre aprenden gracias a la dedicación de sus propietarios. Por ello, más que un etólogo o un veterinario que, por supuesto, podrán enseñarle, las personas que viven con el animal son los mejores maestros.

Así lo explica Ingrid Michael, etóloga y propietaria de Dog Resort. En sus palabras, “los perros aprenden a través del condicionamiento clásico y el condicionamiento operante, teorías de Pavlov y de Skinner”.

Explica que el clásico es cuando los perros aprenden por un estímulo, que genera en ellos una respuesta, por lo que reciben una recompensa. En cuanto al condicionamiento operante, se refiere a que el perro realiza algún comportamiento bueno y por ello recibe un refuerzo positivo (puede ser un comando de voz) para aumentar la frecuencia del mismo.

Aunque lo ideal es entrenar al perro desde que es pequeño, si el animal llega a sus manos ya siendo adulto, aún puede aprender aunque el proceso será más lento.

En cualquier caso, lo ideal es usar recompensas, para reforzar un comportamiento; y si lo que quiere es disminuirlo, utilizar correcciones sin que sean castigos severos.

Recuerde que los perros son animales de manada y deben aprender que el líder y los que dan las órdenes son los propietarios.

Un lugar para dormir
Desde que el cachorro llega a casa se le debe asignar el lugar donde pasará las noches. Por más que llore, no debe llevarlo a una de las habitaciones, pues es necesario que la mascota identifique y se acople al espacio que será suyo.

Llénese de paciencia
Los primeros días son los más duros. Para que el aprendizaje sea efectivo, todas las personas deben estar de acuerdo con lo que se le permitirá o no al animal, para no confundirlo.

Control de esfínteres
Si son cachorros, no podrán salir de casa hasta cuando tengan todas sus vacunas. Por esta razón, es necesario dejar un trozo de papel periódico cerca del lugar donde duermen y empezar a indicarle que ese es su lugar. Cuando ya esté más adulto, sí podrá llevarlo al parque.

Recompensas
Cuando el perro cumpla con cualquier indicación, que ya se le ha repetido, el propietario debe emitir un comando de voz que puede ser una palabra (siempre la misma) y luego premiarlo con algo que le guste, como una galleta. Siempre será mejor educarlos positivamente y no con castigos.

No se contradiga
Un gran error es ser permisivo con algo que no se quiere que el perro haga. Como son animales de manada, ellos deben entender que el alfa o líder son los dueños, y no él. Por esto, hay que ser constante con lo que se quiere lograr.

En las alturas
La cama y las sillas son espacios de altura, que para los perros indican dominio. Si usted no quiere que se suban a estos lugares, nunca lo permita. Bájelos cuantas veces sea necesario, pues si deja que sea así, el perro sentirá que ya tiene el control.

Cómpreles juguetes
Para evitar que los cachorros se distraigan con zapatos, ropa o muebles, manténgalos rodeados por juguetes, con los que sí podrá entretenerse. En el mercado también encontrará productos con un aroma que alejará al perro de esos sitios en los que usted prefiere que él no esté.

No le dé de su plato
Los alfa o líderes de la manada son los que comen primero. Por eso, el perro debe entender que primero comen las personas de la casa y luego, él. No deje que sus hijos lo alimenten con lo mismo que ellos comen, porque puede causar enfermedades en ellos o en el animal.

Establezca horarios
Usted debe fijar la hora de la comida y de ir al baño de su cachorro. No deje el plato con comida todo el día; solo en horas acordadas.

Al llegar a casa
No salude a su perro hasta cuando esté sentado y tranquilo. Si permite que se le lance encima, juega con él o lo deja ladrar, lo más seguro es que él aprenda a hacer lo mismo con los visitantes y extraños, lo que puede resultar incómodo.

Fuente: Eltiempo.com

El idioma de los perros

Desconocer los códigos de comunicación de nuestro animal de compañía puede interferir en la calidad de nuestra relación.

Sabiendo interpretar mínimamente su lenguaje y sus manifestaciones emocionales lograremos establecer un vínculo más fuerte.

Existen señales visuales, acústicas y olfativas que son utilizadas para relacionarse con sus congéneres, y son las mismas que utilizará en su esfuerzo por comunicarse con nosotros. Es importante que aprendamos a interpretarlas. Comprendida la idiosincrasia canina, educar a nuestro perro será una tarea mucho más sencilla, adaptada a lo que le trasmite su impronta genética y donde la socialización temprana jugará un papel importantísimo para lograr que pueda vivir en armonía con su entorno.


El lenguaje corporal canino: Un abanico de gestos

El lenguaje corporal canino es sumamente importante. Los humanos hemos perdido parte de esta habilidad por el desarrollo que hemos alcanzado con el lenguaje oral. El habla ha sustituido en las personas otras valiosas e interesantes formas de expresión que son fundamentales en la especie canina.

Al igual que nosotros, los perros tienen músculos faciales capaces de dar diferentes expresiones a la cara. Los labios pueden enrollarse hacia adentro, las orejas son extremadamente móviles, incluso algunos perros pueden levantar la cejas cuando están muy sorprendidos por lo que acontece a su alrededor.

La mirada, la posición de los ojos, los movimientos de la cola, los distintos gestos se combinan en el perro en diferentes secuencias estableciendo un complejo mosaico, que deberíamos tratar de descodificar.


El lenguaje corporal canino:
Ojos, orejas, cola, boca…

Los ojos muy abiertos nos trasmiten temor, la mirada fija puede significar desafío; una postura característica en los perros dominantes. Si a nuestro can le cuelga la lengua es que está relajado, las orejas hacia atrás denotan temor o una sospecha. Si en cambio permanecen erectas, es que está alerta ante lo que le rodea. Por cierto, si os muestra los dientes no necesariamente estará demostrando agresividad.

La cola en movimiento se traduce por una alegría difícil de disimular. Aunque hay que tomar en cuenta que en ocasiones puede querer trasmitir un deseo de relacionarse, que no siempre refleja buenas intenciones (sobre todo si hace en un movimiento lento). Una cola erecta significa dominio; si está baja, relajación, que no es lo mismo que entre las piernas o curvada, donde está demostrando temor o sumisión.

En ocasiones hemos contribuido a limitar estas facultades expresivas, por ejemplo con los cortes estéticos de orejas o de cola, disimulando parte de sus recursos comunicativos y dificultando también la comunicación con sus propios congéneres. La cría selectiva realizada en el correr de los siglos ha hecho en algunas razas que un pelo excesivamente largo o unas orejas colgantes hayan modificado asimismo sus posibilidades de comunicación.


El lenguaje corporal canino:
Posturas que hablan por sí mismas

Un perro agachado con las patas delanteras extendidas y la espalda curvada está invitando a jugar: cuando está en una postura sumisa es frecuente que se gire para mostrarnos sus partes vulnerables. Si el cuerpo está tenso, muestra los dientes con las orejas hacia atrás y mantiene la cola rígida es que tiene miedo, si la cola está erecta, las orejas hacia arriba y los dientes al descubierto mostrando incluso los incisivos, está preparado para atacar. Un perro relajado y feliz lleva su cola sin tensión junto al cuerpo, con sus mandíbulas descontraídas, moviéndose libremente con la cabeza en alto.

Nuestros perros son animales domesticados, pero continúan comunicándose como sus antepasados los lobos. Las señales olfativas les permiten identificar a los individuos. Los perros tienen glándulas que secretan determinadas sustancias olorosas que les permiten diferenciarse del resto.

La orina es otro mecanismo con el que cuenta esta especie para marcar un territorio y poner su sello de identidad. Las hembras también utilizan este instrumento para anunciar a la comunidad su deseo de aparearse. Las señales auditivas constituyen otro importantísimo recurso comunicativo. Los ladridos de diferente tonalidad permiten comunicar un saludo, una advertencia, un deseo de jugar, una petición de auxilio.

Fuente: www.facilisimo.com

Seis claves para educar a tu perro

Todos creemos que a nuestra mascota “sólo le falta hablar” y es uno más en la casa. Muchos científicos aceptan ya que hay diferencias apenas de grado en las conductas y los sentimientos de humanos y animales.
Si usted se enganchó con “Por amor a vos” por el espectacular gato persa de Claribel Medina o es de los que en el fondo de escritorio de su compu tienen la foto de su perro labrador, esta entrevista le está dedicada. Porque Claudio Gerzovich Lis es un experimentado veterinario que se especializó – como muy pocos en la Argentina – en todos los secretos del comportamiento de perros y gatos.
Fue docente en la Facultad de Veterinaria de la U.B.A y en universidades de México y Bolivia. Ha publicado el best seller Nuestro perro, uno más en la familia y su sitio en Internet www.comportamientoanimal.com recibe innumerables visitas diarias.

Hace años disfruté dos libros del zoólogo inglés Gerald Durrell: Mi familia y otros animales y Bichos y demás parientes. ¿Realmente los animales pueden ser parte de nuestra familia?
Depende de qué especie estemos hablando. Si hablamos de especies sociales que tienen un comportamiento similar al del humano, como podrían ser los perros, no sólo pueden formar parte de la familia, sino que deberían hacerlo. Nuestro perro es el miembro no humano de la familia.

¿Perros y gente tienen comportamientos similares?
Unos y otros somos sociales; los perros viven en grupos sociales y los humanos también. Los humanos alcanzamos la madurez sexual antes que la madurez social; a los perros les pasa lo mismo. Los humanos mantenemos un comportamiento de juego durante toda la vida, que va decreciendo, pero no se pierde; los perros también. Los hijos de los humanos requieren cuidados de sus familiares para desarrollarse bien; los cachorros, también: la jauría, generalmente formada por parientes, los cuida. Los perros son territoriales; los humanos también: limitamos nuestra casa, nuestra esfera de influencia en el trabajo, etc. Somos omnívoros, aun cuando uno balancee ahora la dieta de su perro con alimentos especiales. Y, por fin, unos y otros somos jerárquicos, vivimos en sociedades y en familias donde hay estratos distintos, esferas de poder diversas.

¿Podemos hablar indistintamente de perros y gatos como integrantes de nuestra familia?
Los gatos también pueden ser miembros no humanos de la familia, si nosotros podemos respetar sus patrones comportamentales. Insisto en que el perro y el hombre se parecen mucho; pero el gato, no. Si yo quiero incorporar a un gato pensando que es un perro que maúlla, me voy a equivocar.
No me diga que usted es uno de los que tienen prejuicios con los gatos…
No, claro que no. Lo que pasa es que el perro es un animal social; y el gato es principalmente territorial. Muchos dicen que el gato es a-social. Yo no lo suscribo, digo que es parcialmente social. Y digo también que es sociable: es un animal que se acerca y es afectuoso, pero no necesita obligadamente de la interacción. El gato se incorpora a la familia, pero siempre desde un ángulo diferente que el perro.
Solemos decir que nuestro perro nos ama o que nuestro gato se estresa. ¿Podemos humanizarlos tanto? ¿Es lícito hablar de que perros y gatos tienen sentimientos, emociones, inteligencia?

¿Por qué decimos que eso es hablar en sentido humanizado?
Porque creemos que ésas son actitudes o rasgos de los seres humanos. Exacto. Es cierto que en el campo popular hay mucho de antropomorfismo. Como contraparte, en el mundo científico hay mucho de antropocentrismo. La gente dice: “A mi perro sólo le falta hablar, es un humano”; y en el campo científico, se tiende a decir: “No, no, los sentimientos son privativos del humano”.

¿Y usted qué cree?
Que no, que los sentimientos no son privativos de los humanos. Yo creo que no hay diferencia de clase entre animales y humanos; hay diferencia de grado. O sea, somos parte de la evolución. Acabo de terminar En busca de Spinoza, un libro de Antonio Damasio, el prestigioso investigador en neurobiología. Spinoza era un filósofo holandés que decía que gran parte de los comportamientos humanos se basan fundamentalmente no en la razón sino en las emociones y en los sentimientos. Y fue denostado. ¿Por qué? Porque se defendía que sólo nosotros, los humanos, somos racionales. Y Damasio, tantos siglos después, está encontrando que hay un correlato en el sustrato anatómico con lo que Spinoza decía. Es un avance importante. Pero, aún más, Damasio postula que muchos de los comportamientos de los humanos son similares, en sus bases, a los de los animales. No quiero caer en que los animales son humanos. Digo que los animales no son humanos; pero que nosotros, los humanos, sí somos animales. Es increíble, pero estas ideas causan sorpresa hoy.

¿Habrá miedo de encontrar demasiadas similitudes, demasiada cercanía?
Por supuesto. Si un animal está más cerca mío de lo que yo creo, me atemoriza, porque descubro que no soy único sobre la Tierra. Fíjese que, en su momento, decir que la Tierra no era el centro del universo generaba desamparo.
Es obvio entonces que, por esas diferencias apenas de grado que usted señala entre humanos y animales, integrar un perro o un gato a la casa no es comprar un placard o una computadora. ¿Qué cosas habría que tener en cuenta antes de sumarlos?
Muchísimas. En estos casos no conviene la improvisación ni confiar en la suerte. Porque en la sociedad actual, si uno va a tener un perro, va a tener dificultades. Lo dice alguien que ama a los perros, que trabaja con perros y que vive con perros.

¿Por qué dificultades?
Porque un perro demanda mucha atención, mucha más que un gato; un perro lo ata a uno a un tipo de vida. Es decir, si yo vivo solo, o tengo mi familia y me quiero ir de vacaciones, cierro la casa y me voy. Si yo tengo un perro, ¿qué hago con el perro? ¿Lo llevo, no lo llevo? No lo puedo dejar solo. Si tengo un jardín hermoso, traje al perro y me quedé sin jardín. Vivo en un departamento; traje al perro, hace pis, caca por todos lados, rompió los sillones. Si lo pienso fríamente, todo lo que trae un perro son complicaciones.

¿Y si no lo pensamos fríamente?
Ahí está la cuestión. La decisión es centralmente emocional. Mire, yo viví siempre con perros, hasta hace dos años, cuando se me murió de viejo el perro que tenía y por primera vez en mi vida estuvimos sin perro en la familia. Yo no lo podía creer, pero me sentía más libre. Hasta que alguien me dijo: “Te voy a regalar un perro”. Y volvió esa necesidad o esas ganas de decir sí y me regalaron no solamente uno sino dos, que me trajeron un montón de complicaciones; pero también un montón de alegrías.

¿Le puedo contar una anécdota?
– Claro:
Hace poco me llamó una familia para que la asesorara en la compra de un perro. Hermosa casa, jardín bárbaro. Cuando le pregunto a la dueña de casa qué esperaba del perro me dijo: “Sobre todo, que sea limpio”. Le expliqué que era mejor entonces ir a una juguetería y comprar un peluche. Los chicos, obviamente, eran los que querían el perro. Ella, gentilmente, me agradeció que les hubiera señalado todos los inconvenientes que traía un perro. A los diez días me llamó y me dijo: “Ya elegimos la raza. Ya sé que no nos conviene tener perro, pero todos tenemos ganas”. Ahí está el asunto: conocer los pro y los contra responsablemente y asumir el deseo y el beneficio emocional. Es así con los perros y con la vida. ¿Usted no quiere tener problemas? Bueno, no viva.
Me quedé pensando en que usted dijo que el perro es un animal jerárquico.

¿Es perceptivo del sistema de poder que hay en una familia?
Absolutamente. El perro siempre sabe quién manda. Muchas veces no manda nadie, y ése es el gran problema para él: la ambigüedad.

¿Por qué?
Porque un perro necesita seis palabras para que lo eduquen bien. Primero, debemos tener los conocimientos y después aplicarlos de manera coherente, firme y paciente. “Educar” (perros y chicos, si usted quiere) implica ser coherente en el mensaje, “ser firme” y “ser paciente” para obtener resultados. Esas son las primeras tres palabras (o actitudes) que necesitamos. Ya sé que todo junto es muy difícil.

¿Y las otras tres?
Las otras tres palabras que el perro necesita son “ejercicio”, “disciplina” y “afecto”. Y, ojo, en ese orden.
¿Afecto en el último lugar?
Ya sé que en las casas es al revés. O sólo afecto primero, afecto después y afecto al final. El perro, con sus diferencias, es un lobo doméstico que ha pasado por la selección de la especie. ¿Qué hace el lobo para vivir? – Se defiende y rapiña para comer.

Trabaja. O sea, tiene que estar ocupado todo el día para sobrevivir. ¿Qué hace un perro en una casa de familia? Nada o muy poco, y duerme en la cama con el dueño. Estoy hablando de las situaciones en las que hay afecto, no de esa gente que lo maltrata o lo tiene atado todo el día, lo que es un horror. Lo que quiero decirle es que el afecto solo no alcanza, ni con los perros ni con el resto de la familia de uno.

Fuente: Clarín